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Conozcamos nuestras emociones

 

Podemos definir la emoción como un estado afectivo intenso y relativamente breve que suele estar  originado por una situación, pensamiento o imagen agradable o desagradable, que activa y excita al sujeto. Nos damos cuenta además porque se manifiesta por diferentes conductas observables como puede ser la huida o la aproximación, y por cambios fisiológicos en el sistema nervioso y en el sistema endocrino.

Entre las características más importantes de las emociones podemos destacar:

  • Es un estado afectivo que experimentamos.
  • Es una reacción subjetiva al ambiente.
  • Suele venir acompañada de cambios orgánicos tanto fisiológicos como endocrinos.
  • Es de origen innato.
  • Están influenciadas por la experiencia.
  • Tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea.
  • Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras.

En el ser humano la experiencia de una emoción generalmente involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, que utilizamos para valorar una situación concreta y, por tanto, influyen en el modo en el que se percibe dicha situación.

Apenas tenemos unos meses de vida, adquirimos emociones básicas como el miedo, el enfado o la alegría. Algunos animales comparten con nosotros esas emociones tan básicas, que en los humanos se van haciendo más complejas gracias al lenguaje, porque usamos símbolos, signos y significados. Se considera que las emociones son universales, esto quiere decir que se presentan en todas las culturas de forma más o menos similar, y también se han encontrado en primates. Incluso en niños ciegos de nacimiento se han encontrado que expresan con los mismos gestos las emociones, lo cual significa que tienen que tener un componente innato en los individuos. Pero luego depende de cada persona, ya que cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta. Algunas de las reacciones fisiológicas y comportamentales que desencadenan las emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse.

Es cierto que durante mucho tiempo las emociones han estado consideradas poco importantes y no se han estudiado, dándole más importancia a la parte racional del ser humano. Pero esa idea ha cambiado ya que  las emociones, al ser estados afectivos, indican estados internos personales, motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos. De todas formas, aunque es difícil  a partir de la emoción saber cuál será la conducta futura del individuo,  nos puede ayudar a intuirla.

Podemos clasificar las emociones en 6 categorías básicas, cada una de ellas con una finalidad adaptativa:

  • MIEDO: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad. Con él tendemos a la protección.
  • SORPRESA: Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria. Puede dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa. Nos ayuda a orientarnos ante una nueva situación.
  • AVERSIÓN: Disgusto, asco, solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión. Provoca rechazo hacia lo que tenemos delante.
  • IRA: Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad. Nos induce hacia la destrucción.
  • ALEGRÍA: Diversión, euforia, gratificación, contentos, da una sensación de bienestar, de seguridad. Nos lleva a la reproducción ya que deseamos repetir aquello que nos ha gustado.
  • TRISTEZA: Pena, soledad, pesimismo. Nos motiva hacia una nueva reintegración personal.

Como podemos observar las emociones tienen una función adaptativa en la vida, si no sintiéramos miedo delante de un león no tenderíamos a huir, lo cual no sería muy aconsejable. Así, todas las emociones son necesarias en nuestra vida. El problema se plantea cuando dejamos que las emociones más negativas estén dominando todo nuestro comportamiento y estamos sobreprotegidos porque le tenemos miedo a cualquier cosa, demasiado irascibles, lo que nos lleva a estar destruyendo todo a nuestro alrededor o no dejando que se construyan cosas positivas. O demasiado tristes como para disfrutar de todo lo que nos ofrece la vida.

Las emociones poseen unos componentes fisiológicos y conductuales. Los componentes conductuales se refieren a las diferentes conductas que pueden realizar las personas ante una emoción, es la manera de mostrar las emociones externamente. Por ejemplo cuando una persona está triste llora, esta es la conducta que los demás observan y que puede alterar la conducta de los demás haciendo que se produzca una aproximación o un alejamiento. En cierta manera son  controlables ya que están basadas en el aprendizaje familiar y cultural de cada grupo. Entre ellas tenemos:

  • Expresiones faciales.
  • Acciones y gestos.
  • Distancia entre personas.
  • Componentes no lingüísticos de la expresión verbal (comunicación no verbal).

Los componentes  fisiológicos de las emociones  son involuntarios y entre ellos destacamos:

  • Temblor.
  •  Sonrojarse.
  •  Sudoración.
  •  Respiración agitada.
  •  Dilatación pupilar.
  • Aumento del ritmo cardíaco.

Ya sabemos que tenemos emociones, que las experimentamos en diversos momentos de nuestra vida, que son importantes y que está bien que las experimentemos. Pero lo que no debemos dejar es que las emociones más negativas dominen nuestra vida. Aunque, como ya he comentado, las emociones tienen un componente innato, no todo es así. También tienen un componente de aprendizaje, la experiencia nos va marcando el camino. Todos hemos escuchado expresiones desde pequeñitos: ¡mira qué bonito¡, esto es un horror, ¡qué miedo dan los fantasmas¡, esto está repugnante. ¿Quién no ha tenido que cambiar su opinión sobre la moda porque las tendencias marcan otra cosa?

Todas estas expresiones las vamos escuchando desde que nacemos y nos van marcando y enseñando la diferencia entre unas cosas y otras. Y como todo lo que se aprende se puede modificar, también podemos modificar las emociones. Sólo se necesita un poco de esfuerzo y entrenamiento. Y muchas ganas por cambiarlas.

Diversos trabajos y autores han demostrado que las emociones positivas se han mostrado como potentes ayudas para afrontar las enfermedades. Y es que estar de buen humor imprime sentido de perspectiva a nuestros problemas, cuando estamos tristes todo lo vemos gris, no encontramos soluciones y no vemos más allá del problema que tenemos delante. Es como si nos pusieran una venda o unas orejeras que nos limita la visión y nos centramos sólo en el problema, olvidando la perspectiva.

Pero aprender a controlar nuestras emociones no es tarea fácil, tenemos que ser conscientes de lo que nos pasa y hacer un esfuerzo por cambiarlo. Quizás, a veces, lo más difícil sea darse cuenta de que se tiene un problema y se necesita alguna persona del exterior para que nos lo haga notar y dar el primer paso, el más importante, pero no el único. Detrás de él vendrán muchos más que requerirán de esfuerzo y ganas de trabajar.

Y si las emociones positivas os ayudan, las negativas, por el contrario nos perjudican. El estrés y las emociones negativas mantenidas en  el tiempo pueden afectar a nuestro organismo de tal forma que lo hacen más vulnerable al padecimiento de ciertas enfermedades. Por ejemplo, se ha encontrado cierta asociación entre cáncer de mama y estrés.

Así que lo miremos por donde lo miremos es mucho mejor estar alegres, felices y positivos, en el presente lo que nos llevará a encarar el futuro y afrontar los problemas que se nos presenten.

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